
En el corazón de Zihuatanejo, Guerrero (México), donde el sol se posa temprano sobre el malecón y las olas marcan el paso de los pescadores, hay un artista cuya obra encarna la esencia misma de este destino costero: Magdaleno “Maleno” Flores Radilla. Su legado —tallados de lanchas, pangas y canoas pintados a mano— se ha convertido en un símbolo visual de la vida y la memoria del mar en Ixtapa-Zihuatanejo.
Maleno no produce simples souvenirs; crea pequeños universos de madera que evocan la vida diaria frente al Pacífico. Cada embarcación es tallada y coloreada con meticulosa atención, con detalles que remiten a los colores de la bahía, las redes tendidas al sol y los cascos que regresan repletos de pesca al amanecer. Para viajeros que han recorrido mercados intensamente turísticos, sus piezas representan algo más profundo: una narrativa artesanal que se niega al anonimato de la producción masiva.
Su taller —conocido popularmente como El Jumil— se ubica en Paseo al Pescador, en el centro de Zihuatanejo, justo frente al mercado de pescadores. Más que una tienda, este espacio es un punto de encuentro entre quienes aman las artesanías del lugar y la comunidad que ha visto crecer a Maleno y sus creaciones durante más de una década.
Aquí, las canoas y otras piezas no solo se exhiben; se cuentan historias: de mares abiertos, de manos curtidas por el sol, de turistas que se detienen y reconocen en estos objetos una conexión directa con el espíritu del pueblo.
Lo que distingue a sus obras es su autenticidad palpable y su arraigo cultural. Cuando un viajero sostiene una de estas miniaturas, no solo lleva consigo un recuerdo de madera pintada, sino también un fragmento de la Costa Grande, un territorio donde la artesanía también compite con productos imitativos que muchas veces no reflejan la tradición local. Esta búsqueda de autenticidad es un valor que Maleno y otros artesanos defienden en un mercado saturado de piezas industrializadas.
Las canoas de Maleno han trascendido fronteras: algunas han llegado a hogares en Noruega, España, Canadá y México mismo, convirtiéndose en testimonios silenciosos de la cultura marítima de Guerrero.
Visitar Zihuatanejo sin explorar estos talleres artesanales sería perderse un aspecto esencial de la experiencia. Las artesanías de la región, desde cerámica hasta madera, reflejan una tradición viva que se entreteje con la cotidianidad del lugar, y la obra de Maleno Flores Radilla es uno de sus ejemplos más inspiradores.
Para quienes viajan buscando recuerdos con significado —objetos que no solo decoren, sino que cuenten historias— las piezas de Maleno son memorias esculpidas del Pacífico que resumen la interacción entre un pueblo y el mar que lo sostiene.
Y recibe información exclusiva para viajar por México ¡con estilo!