Joanna Ruiz Galindo ha encontrado una forma de leer —y reconfigurar— la Ciudad de México a través del diseño. Como codirectora del Abierto Mexicano de Diseño, su trabajo no solo consiste en organizar un festival: se trata de abrir conversaciones, provocar encuentros y, sobre todo, hacer visible aquello que muchas veces pasa desapercibido.
“Queríamos que la gente entendiera que el diseño nos rodea, que nos afecta y que tiene el poder de transformar los espacios que habitamos”, cuenta. Esa idea, compartida con un colectivo de más de 30 creativos, dio origen en 2013 a un proyecto que hoy celebra diez ediciones y que ha convertido a la ciudad en un mapa vivo de experiencias, instalaciones y reflexiones.
Pero más allá de los recintos y las fechas —del 25 de septiembre al 4 de octubre—, entender el festival también implica entender la ciudad que lo contiene. Y para eso, nada mejor que seguir a Joanna durante un día.
9:00 am. El día comienza caminando. Para Joanna, pocas cosas revelan tanto del diseño como recorrer la ciudad a pie. Sus rutas favoritas atraviesan colonias como Colonia Roma, Condesa y Juárez, donde la arquitectura, el comercio y la vida cotidiana dialogan constantemente. “Es una ciudad que nunca terminas de conocer”, dice. “Siempre está pasando algo”. El recorrido puede terminar con un café en El Chiquitito Café, uno de esos lugares donde el tiempo parece desacelerarse lo suficiente para observar los detalles.
12:00 pm. A la hora de la comida, su elección no es casual. Baldío representa una forma de entender el diseño desde lo sostenible: cero residuos, productos locales y una experiencia pensada desde el impacto ambiental. Este tipo de propuestas también son diseño: “No es solo estética, es función, es intención”. Esa misma lógica atraviesa el Abierto Mexicano de Diseño, que ha evolucionado de exhibiciones organizadas por disciplina a un enfoque más amplio: entender para quién y por qué se diseña.
16:00 pm. La tarde se abre hacia los grandes espacios de la ciudad. El Bosque de Chapultepec sigue siendo uno de sus lugares predilectos, junto con el Espacio Escultórico de la UNAM, donde arte, arquitectura y paisaje se entrelazan. También están sus referentes en diseño: las casas de Luis Barragán, la programación de AGO Projects y las exposiciones del Museo Franz Mayer
20:00 pm. La noche puede comenzar con un trago en El Caimán, un lugar que funciona como punto de encuentro más que como destino.
Y si algo define la Ciudad de México —y al propio Abierto Mexicano de Diseño— es esa capacidad de reunir mundos distintos en un mismo espacio. Este año, el festival tendrá como sede principal el Centro Nacional de las Artes y se expandirá hacia la Ruta de la Amistad, donde las esculturas creadas para las Olimpiadas del 68 serán intervenidas por diseñadores contemporáneos. “Nos interesa que la gente se encuentre con el diseño sin buscarlo”, dice Joanna. “Que se lo tope”.
Después de diez ediciones, el Abierto Mexicano de Diseño no solo ha crecido: ha evolucionado junto con la ciudad. Ha pasado de ocupar espacios a generar narrativas, de mostrar objetos a plantear preguntas. Para Joanna, esa evolución refleja también la esencia del diseño mexicano: una mezcla de raíz ancestral y mirada contemporánea, original y difícil de replicar. Quizá por eso la Ciudad de México sigue atrayendo miradas de todo el mundo. Porque, como el diseño que la habita, nunca es una sola cosa.
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